Reseñas

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Con una técnica mixta de acuarelas y acrílicos muy libre, logra imágenes sugerentes donde el tema, frecuentemente floral, es solo el punto de partida tanto para el artista como para el observador en términos de armonía visual, rica en efectos precisos.

Cuanto mayor es la audacia del juego formal y cromático, más observamos un sólido sentido de la composición.

En un último lapso, da solidez a las formas en fondos casi planos, tanto en trazos rítmicos y casi gestuales como en composiciones rectas y contundentes que tienen un vago aire geométrico.

En su última exposición (2001), volvió a trabajar con libertad cromática y brío compositivo, en una especie de recopilación de modos anteriores, como preámbulo de nuevas búsquedas.

Pensé en nombrar este texto muy breve, fragmentos de todos los días. O, tal vez, espacios de sentimiento inesperados que identifiquen el momento artístico por el que atraviesa Marife Casares, o que de alguna manera, definan la exposición, lo que, sin convertirse en una definición artística, sería adecuado para nombrarla como un período de pintura de transición. Una transición que se convierte en una conversión apasionada hacia una expresión alternativa que escapa del impasse y la incertidumbre que padece la estética moderna.

El enfrentamiento se dirige a su yo interior, no como un individuo, sino como una existencia que emerge y se nutre de diversas fuentes de su vida diaria; de la complejidad de lo cercano, la nostalgia de lo lejano y la expectativa de lo que está por venir. Y, entre ellos, cada imagen pictórica crea un escenario en el que actúa la experiencia de lo ilusorio como algo verdadero y tangible.

La artista nos invita a meditar mediante un ejercicio simbólico que nos hace verificar sus inesperados espacios de sentimiento que transcurren vertiginosamente como requisito ineludible para probar su propia forma de existencia. Estas realizaciones visuales nos hacen vislumbrar apariciones furtivas que revelan, de manera casual, el funcionamiento interno de cada forma y color.

Pablo Salgado J.

Periodista

Junio de 1993

En Marife, la casualidad es inexistente.

Su inclinación por el arte no está determinada por una moda pasajera o por el esnobismo intelectual, sino por una formación rigurosa (Estados Unidos, Italia, Chile, Quito) que la lleva a entender que la pintora responde a un proceso donde la dedicación y la disciplina son un deber.

En el mundo actual (y más aún en el mundo del arte) ya no hay lugar para las improvisaciones o lo improvisado.

En su obra, Marife logra romper atrevidamente la línea definida (y limpia) con trazos atrevidos, casi puntos, para formar un espacio compositivo insólito y sugerente, logrando, además, la difícil transparencia de las acuarelas.

La naturaleza no es solo un tema atractivo que está de moda hoy en día. En este caso, la naturaleza es un compromiso estético; las flores, por ejemplo, permiten a Marife expresarse estéticamente; constituyen una excusa para utilizar colores y formas con el fin de proporcionar un disfrute visual, un disfrute al que los observadores (los destinatarios finales) también se unen con placer. Y no es como si todo estuviera terminado. Al contrario, la búsqueda solo ha comenzado (y ojalá no termine), ya que en esta exposición individual todo lo incompleto constituye más bien un motivo más de satisfacción, ya que sabemos que, afortunadamente, con Marife todo está por suceder.

Oswaldo Moreno Heredia

Pintor / Acuarelista / Profesor de Arte

Enero de 1992

Marife Casares, una mezcla de sensibilidad y audacia, una personalidad ambiciosa incipiente, poseedora de sentido de la disciplina y una visión serena de lo que está a punto de lograr y le traerá una alegría intensa, alegrías estéticas únicas, pero también sufrimiento, el tormento inagotable que impregnan el alma de quienes recorren rutas prohibidas.

Sus acuarelas están todas conectadas por un lenguaje único, saturado de una única voz expresiva que habla de una forma lúcida de estructurar sus composiciones, entre variantes y ritmos, entre temas y contenidos, como alguien que extrae selectivamente la preciosa materia prima de una cantera inagotable para ayudarla a construir sus obras.